Displasia cadera y codo

Displasia de cadera y codo en el Rhodesian Ridgeback

La displasia de cadera y codo afecta al desarrollo de estas articulaciones. Puede provocar dolor, cojera y artrosis. El Rhodesian Ridgeback, pese a ser una raza atlética y generalmente sana, puede padecerla. Por eso, su prevención requiere cuidar tanto la selección de los reproductores como el crecimiento del cachorro.

Contar con progenitores con resultados oficiales favorables, indicando que están libres de displasia, reduce el riesgo, pero no garantiza una descendencia libre de displasia. Además, los factores ambientales tienen una influencia sumamente importante. La superficie de la paridera, la alimentación, el peso y la actividad física forman parte del cuidado de la salud articular de nuestro perro, es decir, debemos ser precavidos desde su nacimiento y durante todo su desarrollo hasta alcanzar la madurez.


¿Qué es la displasia de cadera y codo?

Aunque suelen mencionarse juntas, cabe recordar que afectan a articulaciones diferentes. Por tanto, no constituyen una misma enfermedad.

En la displasia de cadera, la articulación entre la cabeza del fémur y el acetábulo presenta una inestabilidad o, un ajuste inadecuado. El acetábulo es la cavidad de la pelvis que recibe la cabeza del fémur. Como consecuencia, el movimiento anormal puede dañar el cartílago y favorecer la artrosis, un proceso de deterioro articular.

Por su parte, la displasia de codo engloba distintas alteraciones del desarrollo de esta articulación. Pueden afectar al hueso, al cartílago o al ajuste entre sus diferentes componentes óseos. A su vez, pueden causar inflamación, dolor y desgaste.

Algunos perros muestran signos desde jóvenes. Sin embargo, otros permanecen sin síntomas evidentes durante mucho tiempo. La afectación siempre dependerá de cada individuo.


Genética y ambiente: dos pilares de la prevención

La displasia tiene un origen multifactorial. Es decir, intervienen la predisposición heredada y las condiciones en las que crece el perro. Además, su componente genético es complejo: no depende de un único gen.

Jorge Santoianni (bioquímico especialista en microbiología y profesor de genética para criadores), en su libro Genética fácil para criadores de perros, resume la importancia del ambiente con estas palabras:

«Del 20 al 50% lo aporta la genética, el resto el medio ambiente».

Jorge Santoianni. Genética fácil para criadores de perros, p. 64.

Estos porcentajes se refieren a la heredabilidad, que mide la influencia genética en las diferencias entre perros de una población. Sin embargo, no indican qué parte de la displasia de un perro concreto se debe a sus genes o al medio ambiente. Además, los valores cambian según la raza, el grupo estudiado y el método de evaluación.

Por mucho que se cuide la selección genética, los factores ambientales no pueden quedar en segundo plano. Su influencia puede ser considerable. Por eso, especialmente en la displasia de cadera, los cuidados durante el crecimiento merecen tanta atención como las pruebas de los reproductores.

También debemos distinguir entre hereditario y congénito. En la displasia de cadera, los cachorros suelen nacer con caderas anatómicamente normales. Las alteraciones aparecen después, durante el crecimiento. Así, la predisposición puede heredarse sin que la enfermedad esté presente al nacer. Dicho de otra forma, aunque haya una predisposición genética es igualmente importante, e incluso podría llegar a evitar su desarrollo anómalo, unos correctos cuidados y una buena alimentación desde el nacimiento y durante todo su desarrollo.


Los cuidados comienzan desde el nacimiento

La prevención empieza en casa del criador. Después, continúa cuando el cachorro llega a su nueva familia. Por eso, seleccionar reproductores libres de displasia debe acompañarse de unos cuidados adecuados desde el nacimiento.

Una paridera con buen agarre

Desde sus primeros movimientos, los cachorros necesitan una superficie segura. Deben poder apoyarse e impulsarse sin resbalar constantemente. Por ello, el revestimiento de la paridera debe ofrecer agarre. Además, debe mantenerse limpio, seco y bien colocado.

Un estudio publicado en 2025 analizó el material utilizado durante las primeras tres semanas de vida. Encontró una asociación entre ese material y la aparición posterior de displasia de cadera.

Se indicó que los cachorros criados sobre un revestimiento textil con mayor agarre presentaron menos diagnósticos que los criados sobre papel de periódico. Sin embargo, fue un estudio observacional y no demuestra por sí solo una relación de causa y efecto. Aun así, refuerza la importancia de cuidar el entorno desde el nacimiento.

Alimentación y crecimiento controlado

El objetivo es un crecimiento equilibrado. Por eso, debemos evitar la sobrealimentación y el exceso de peso. Ganar tamaño más deprisa no significa desarrollarse mejor. De hecho, el exceso de aporte energético puede perjudicar unas articulaciones todavía inmaduras.

Conviene utilizar una alimentación completa y adecuada para cachorros de tamaño grande. Además, las cantidades deben ajustarse a su condición corporal. Antes de añadir suplementos, especialmente calcio, es necesario consultar con el veterinario.

Un cachorro «gordito» no es sinónimo de salud, el cachorro ha de desarrollarse con una dieta sana y equilibrada que aporte los nutrientes adecuados para un desarrollo lógico, sin sobrepeso ni excesos nutricionales.

Actividad adaptada a la edad

El cachorro necesita moverse, explorar y desarrollar su musculatura. Sin embargo, la actividad debe adaptarse a su edad y capacidad. También necesita descansar. Por ello, debemos evitar los esfuerzos impuestos, repetitivos o de gran impacto.

Asimismo, conviene facilitar el agarre en las zonas resbaladizas de la vivienda. Reducir las caídas y los movimientos bruscos ayuda a cuidar su desarrollo. No obstante, ninguna de estas medidas garantiza por sí sola que el perro no padezca displasia.

Una buena genética necesita unos buenos cuidados para acompañar el crecimiento. A su vez, un diagnóstico de displasia no demuestra automáticamente que el criador o el propietario hayan cuidado mal al perro. Es un cumulo de circunstancias, una suma de factores y, depende de nosotros reducir los riesgos.


Síntomas de displasia de cadera y codo

Los signos varían según la articulación afectada, la edad y la evolución de las lesiones. Entre los más habituales se encuentran los siguientes:

Displasia de cadera

  • Dificultad para levantarse o incorporarse.
  • Rigidez o cojera de las extremidades posteriores.
  • Menor disposición a correr, saltar o subir escaleras.
  • Cambios en la marcha y pérdida de musculatura posterior.

Displasia de codo

  • Cojera de una o ambas extremidades delanteras.
  • Rigidez, especialmente después del reposo.
  • Molestias que pueden aumentar con el ejercicio.
  • Menor disposición a caminar o jugar.

Sin embargo, estos signos no son exclusivos de la displasia. Por eso, una cojera persistente, dolor o un cambio en la movilidad requieren una revisión veterinaria. Además, la ausencia de cojera no permite descartar una alteración articular.


¿Cómo se diagnostica la displasia?

El diagnóstico combina la exploración veterinaria con pruebas de imagen. Las radiografías son fundamentales. No obstante, algunos problemas de codo requieren pruebas adicionales, como la tomografía computarizada (TAC).

También es importante distinguir dos situaciones: estudiar a un perro con molestias y obtener una certificación oficial para la cría.

Si un cachorro presenta signos sospechosos, debe valorarse en ese momento. Por tanto, no hay que esperar a la edad exigida para la certificación oficial. La detección temprana permite adaptar los cuidados y valorar los tratamientos disponibles. Algunas opciones dependen de la edad y del estado de la articulación.

Grados de displasia de cadera

La Federación Cinológica Internacional (FCI) establece cinco categorías radiográficas, de la A a la E. Estas abarcan desde la ausencia de signos de displasia hasta las alteraciones graves.

Grados de displasia de codo

Por su parte, la evaluación del codo sigue otros criterios específicos. AVEPA utiliza los del International Elbow Working Group (IEWG). La clasificación comprende cuatro grados, del 0 al 3.

 

Los osteofitos son formaciones óseas asociadas al desgaste articular. La esclerosis es un aumento de la densidad del hueso. Por último, la incongruencia indica que las superficies de la articulación no encajan correctamente.

En el codo, el grado no depende solo del tamaño de los osteofitos. También se valoran otras lesiones previstas en el protocolo.

Además, estas categorías describen las radiografías y no sustituyen la valoración clínica. Por tanto, el grado observado no siempre refleja la intensidad del dolor o la cojera.


Radiografías y certificación oficial de displasia

Para acreditar oficialmente el grado de displasia de un reproductor, no basta con tener radiografías ni con la opinión del veterinario que las realiza. Es necesaria una lectura oficial. Después, una entidad reconocida debe emitir el certificado correspondiente.

Las imágenes deben cumplir los requisitos del programa elegido. Estos incluyen la identificación del perro, su edad, la calidad de las radiografías y el posicionamiento. A continuación, se remiten al comité de lectura. Este determina el grado y emite el dictamen oficial.

La valoración sigue criterios radiográficos estandarizados. En la cadera se utiliza, entre otros, el ángulo de Norberg. También se estudian el ajuste articular, la posición de la cabeza femoral y los posibles cambios degenerativos. Por eso, el ángulo no determina por sí solo toda la calificación.

En cambio, para el codo se aplican criterios propios, como los descritos en el apartado anterior.

En España, la Real Sociedad Canina de España (RSCE) reconoce los certificados oficiales de evaluación emitidos por:

  • AVEPA: Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales.
  • SETOV: Sociedad Española de Traumatología y Ortopedia Veterinaria.
  • AMVAC: Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañía.

Además, la RSCE ofrece una vía propia de tramitación de las radiografías. Los requisitos y la edad mínima deben comprobarse con la entidad elegida. Cuando corresponda, también se consultarán las normas del club de raza.

Por tanto, al solicitar las pruebas de los progenitores, debemos pedir los certificados oficiales, de alguno de los estamentos reconocidos, de caderas y codos. Asimismo, hay que comprobar que la identificación coincide con la del ejemplar. La valoración clínica del veterinario es esencial para atender al perro, pero no sustituye este procedimiento.


Tratamiento y pronóstico

El tratamiento depende del dolor, la movilidad, la edad y las lesiones de cada perro. Puede incluir control del peso, ejercicio adaptado, rehabilitación y medicación veterinaria. Además, en determinados casos se recomienda cirugía.

Un diagnóstico de displasia no implica necesariamente una discapacidad grave. Muchos perros mantienen una buena calidad de vida con los cuidados adecuados. Sin embargo, el pronóstico varía de un caso a otro y de un ejemplar a otro. No todos los casos son iguales y no todos los perros responden de igual manera a una misma afección ni a un mismo tratamiento.

El objetivo es aliviar el dolor y conservar la mejor función posible. Aun así, no todos los tratamientos eliminan las lesiones existentes ni detienen por completo su evolución. Recordemos que en el caso de la displasia cada caso es diferente y no podemos generalizar. Se pueden dar casos de perros con displasia leve que se vean más afectados funcionalmente que otros con una displasia más severa o avanzada.

En muchas situaciones, y siempre bajo recomendación veterinaria, hay perros que pueden mantener una vida perfectamente activa, es decir, el desarrollo muscular y mantenerse activos, puede ayudar a controlar la displasia.


Displasia en el Rhodesian Ridgeback y cría responsable

El Rhodesian Ridgeback puede presentar displasia de cadera y codo aunque tenga una apariencia atlética. Incluso puede moverse sin molestias visibles. Por eso, la ausencia de síntomas no sustituye a las pruebas.

Antes de criar, es fundamental disponer de evaluaciones oficiales de ambas caderas y ambos codos. También deben considerarse los antecedentes familiares disponibles. Un resultado favorable ayuda a seleccionar reproductores. Sin embargo, no certifica que el perro carezca de toda predisposición genética.

Del mismo modo, al elegir un cachorro conviene solicitar los certificados de sus progenitores. Además, debemos conocer los cuidados de la camada: superficie de la paridera, alimentación y seguimiento del crecimiento. Las recomendaciones para su nueva familia también son importantes.

La prevención de la displasia exige combinar selección responsable y cuidados desde el nacimiento. La genética importa, pero el medio ambiente también puede influir de manera decisiva. Por tanto, ninguno de estos pilares puede sustituir al otro.


Bibliografía y fuentes

Santoianni, J.
Genética fácil para criadores de perros, p. 64.

American College of Veterinary Surgeons.
Canine Hip Dysplasia.
Canine Elbow Dysplasia.

Fédération Cynologique Internationale.
Documentación oficial sobre displasia de cadera y codo.
FCI Hip Dysplasia Classification.

Inheritance of canine hip dysplasia: review of estimation methods and of heritability estimates and prospects on further developments. Consultar en PubMed.

Etiopathogenesis of Canine Hip Dysplasia, Prevalence, and Genetics. Consultar en PubMed.

Fleece-Lined Whelping Pools Associated with Reduced Incidence of Canine Hip Dysplasia in a Guide Dog Program (2025).
Consultar el estudio completo.

AVEPA.
Normativa de evaluación de displasia de cadera.
Normativa de evaluación de displasia de codo.

SETOV.
Sociedad Española de Traumatología y Ortopedia Veterinaria.

AMVAC.
Servicio de lectura radiográfica.

Real Sociedad Canina de España.
Procedimientos de valoración y certificación de displasia.


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